domingo, 23 de octubre de 2016

La Composición y la Dirección Coral


La dirección es una disciplina que se nutre de diversas áreas del conocimiento. Quiero en esta oportunidad referirme a una de ellas, la composición.  Aun cuando es un área propia, independiente y compleja, se hace necesario que la persona al frente de una agrupación coral maneje algunas herramientas que le permitan analizar y sacar un mejor provecho de la partitura para beneficio de la interpretación.

¿Qué hace un compositor? Cada uno tiene una forma personal de escribir, una propia fuente de inspiración y un objetivo definido para cada obra, sin embargo, en todos es común la facultad de escribir aquello que en un principio sólo suena en su mente creadora.  Cuando la partitura llega a manos del intérprete, no basta con reproducir lo que allí está escrito. Eso sólo hará sonar lo que limitadamente puede contener el lenguaje musical. Lo mismo logra una pianola, es decir,  una reproducción de alturas y duraciones con  velocidad determinada y quizás con variaciones de intensidad, pero esto no es  Música ni lo que el compositor quiso plasmar.  No basta entonces para el intérprete el conocer los símbolos y toda la escritura musical. Es fundamental, pero hace falta más.

En el párrafo anterior comentaba que el compositor tenía una idea sonora antes de escribir. A las manos del intérprete llega la forma escrita, el resultado final.  ¿Cómo podemos acercarnos a esa idea original?  ‘ Apuntando al espíritu volador del pájaro más que a sus plumas’ (Robert Henri).  Haciendo el camino contrario del compositor. Partiendo de lo escrito hasta el momento antes de estar plasmado en papel.  Es en este ‘dilucidar’ cuando nos formulamos preguntas: ¿qué sentido le dio el compositor a esta sección del texto?, ¿por qué lo resolvió rítmicamente de esta manera? ¿qué busca con un cambio de textura en este determinado lugar? ¿Cómo es el tratamiento de la melodía principal y qué busca?¿qué significado hay detrás de este silencio? …

 Elizabeth Green, directora estadounidense, decía que  el proceso de la interpretación era como resolver una historia de misterio: ‘…Uno está constantemente buscando pistas para el verdadero significado detrás de las notas. El espíritu de la música es una cosa intangible. No  puedes alcanzar y tocarlo. No lo puedes ver flotando en su momentánea existencia. Pero lo puedes sentir… Mientras más fuertes sean los poderes de la imaginación de aquellos que producen la música, más potente será el resultado final’.  Por lo tanto, mientras más pensemos desde el punto de vista del compositor(a), más probable será que la interpretación se aproxime a su idea original.

En resumen, imprescindible es conocer todas las herramientas del lenguaje musical que serán de utilidad para leer lo que está plasmado en la partitura. Necesario es analizar el texto y la música, hacernos preguntas, pensar en diferentes opciones que puedan desprenderse de lo escrito, sin tergiversarlo ni modificarlo, es decir, respetando la obra y al compositor. Y siempre conectar con la emoción. No es una receta, la música no se puede limitar. Es una búsqueda constante y una perenne interrelación entre  emoción y razón.


‘El dualismo de sentimiento y pensamiento debe ser resuelto en un estado de unidad en el cual uno piense con el corazón y sienta con el cerebro’ (Georges Szell)

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